¿Cuánto hay que investigar antes de empezar a escribir una novela negra?
Porque una cosa es documentarse para saber de qué estás hablando y otra muy distinta es pasarte tres horas leyendo sobre algo que probablemente ocupará dos líneas en la novela.
Y sí, me ha pasado.
Hay una parte de escribir novelas que no suele aparecer en las fotos, porque no tiene glamour ni queda tan bien como esas imágenes de presentaciones, firmas y aplausos. Es lo que está detrás, las horas que pasas delante del ordenador leyendo cosas que probablemente nadie llegará a saber que has investigado y que, en ocasiones, preferirías no saber.
La documentación.
Cuando escribes novela negra, la documentación puede convertirse en algo obsesivo. Si vas a escribir sobre un crimen, una investigación policial, una determinada profesión, una ciudad en la que no has estado nunca o un procedimiento que desconoces, no basta con imaginar cómo funciona. Al menos, yo necesito saber cómo es en realidad antes de arriesgarme a una equivocación que el lector listillo me eche en cara (vosotros sabéis quiénes sois).
Por eso, como podéis ver en mi diagrama de la escritura, a veces crees que lo has hecho todo bien y, a continuación, te pegas cabezazos contra las paredes. ¡Bienvenidos al maravilloso mundo del escritor!
¿Hasta dónde hay que documentarse para escribir una novela negra?
Esta es probablemente la primera pregunta. Y no tengo una respuesta que sirva para todo el mundo.
Hay novelas que necesitan una cantidad enorme de documentación y otras en las que apenas necesitas conocer unos cuantos detalles concretos. Depende de la historia, de los personajes y, sobre todo, de lo que quieras contar.
Pero sí creo que hay una regla bastante sencilla: tienes que conocer aquello que quieres contar, aunque después no lo cuentes.
Si un personaje trabaja en una profesión que desconoces, necesitas saber cómo es su trabajo, si la historia transcurre en una ciudad en la que nunca has estado, necesitas conocerla más allá de cuatro fotografías turísticas o lo que ves en las películas. Si hay una investigación policial, tienes que saber cómo funcionaría, aunque después simplifiques determinados procedimientos por razones narrativas.
El problema de investigar demasiado
Y aquí viene la parte peligrosa, porque la documentación puede resultar tentadora. Empiezas buscando una cosa concreta y terminas leyendo sobre otra completamente distinta. Encuentras un dato interesante, que te lleva a otro y, cuando quieres darte cuenta, llevas dos horas investigando algo que probablemente ocupará tres líneas en la novela.
Y quieres meterlo todo. Al fin y al cabo, sería una pena que el lector no supiera ese detalle macabro y escabroso que tú has descubierto.
Solo que, a veces, ni le interesa ni necesita saberlo ni pinta nada en la historia.
Por eso, una de las partes más difíciles de la documentación consiste en saber qué información NO necesitas utilizar.
Para eso, también podemos dar gracias a las revisiones, que nos sirven para entrar a machete en todo lo que sobra.
La documentación también sirve para poder inventar
Puede parecer contradictorio, pero cuanto mejor conoces la realidad, más libertad tienes para modificarla.
Si sé cómo funciona una determinada situación, puedo decidir qué voy a cambiar y por qué. Si no lo sé, cualquier dato puede ser un error.
Y esa es, para mí, una de las diferencias importantes entre inventar y escribir algo que resulta creíble.
¿Qué fuentes utilizar?
Depende de lo que estés buscando.
Para algunas cosas, la documentación puede partir de fuentes oficiales. Para otras, de libros, artículos especializados, entrevistas, testimonios, mapas, fotografías o vídeos.
Y luego está algo que para mí tiene muchísimo valor: hablar con personas que saben de lo que estás escribiendo. Ellos te darán los detalles que nunca encontrarías en una búsqueda de Google.
Documentarse sobre un lugar
Cuando una novela transcurre en un lugar que no conoces personalmente, el trabajo se complica. No basta con saber cómo es una ciudad o el trazado de sus calles. Necesitas saber lo que se siente al estar allí, cómo son los barrios y sus gentes, qué distancia hay entre dos lugares y cómo llegar de uno a otro, qué tiempo hace…
En una novela negra, el escenario suele formar parte de la historia, y no puedes tratarlo como un mero decorado. Tiene personalidad.
Y llega un momento en el que hay que dejar de investigar
Esta es la parte más difícil, porque llega un momento en que la documentación deja de ayudar y empieza a retrasarte con detalles y recovecos que no aportan nada. Entonces toca dejar la investigación y ponerse a escribir. Y aceptar que aún vas a encontrar cosas por el camino que no sabes y que tendrás que investigar. Ley de vida, queridos.
Lo importante es recordar que la documentación debe ser minuciosa y exhaustiva, pero que lo que importa, al final, es la historia y sus protagonistas.
Así que tengo curiosidad:
¿Cómo os documentáis vosotros? ¿Necesitáis saberlo todo antes de empezar a escribir o preferís ir investigando a medida que la historia lo necesita?
Si escribís, contadme vuestra forma de trabajar en los comentarios. Y si sois lectores, también me interesa saber hasta qué punto valoráis que una novela esté bien documentada.
¡Os leo!



